El día de la revalación: una mirada crítica al nuevo trailer de Steven Spielberg

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La elección del personaje como decisión literaria fundamental

La elección del personaje como decisión literaria fundamental

En un nuevo episodio de El Club de los Escritores Malditos, Roberto Bayeto aborda una de las cuestiones más decisivas —y a menudo mal entendidas— de la escritura narrativa: la elección de los personajes.

Lejos de considerarla un paso mecánico o administrativo, Bayeto sostiene que elegir un personaje es una decisión estructural, ética y estética, de la que depende el alcance real de una obra. Un personaje mal elegido no se corrige con estilo ni con virtuosismo técnico: si falla en su origen, la obra entera queda comprometida.

A lo largo del análisis, el autor recurre a ejemplos clásicos para fundamentar su postura. En Fitzgerald, Hemingway, John Fante, Algernon Blackwood o Bukowski, el personaje no existe para agradar ni para cumplir agendas externas, sino para encarnar tensiones morales, límites humanos y conflictos irresolubles. Gatsby, por ejemplo, no está construido para ser simpático, sino para representar una forma específica de fracaso; los protagonistas de Hemingway soportan el peso del conflicto sin explicarlo; y los personajes de Fante solo pueden existir en los entornos que los exponen sin piedad.

Uno de los ejes centrales del episodio es la crítica al personaje contemporáneo “funcional”, creado para transmitir mensajes correctos, cumplir expectativas editoriales o evitar incomodar al lector. Según Bayeto, estos personajes son intercambiables, carecen de riesgo y están blindados frente al fracaso, lo que los vuelve narrativamente inertes. La literatura, afirma, no es un censo ni una encuesta sociológica, sino un acto de precisión y exclusión deliberada.

El análisis se profundiza con un estudio detallado de El Wendigo, de Algernon Blackwood, donde se muestra cómo los personajes, el entorno y la entidad sobrenatural forman un sistema indivisible. El bosque no es un simple escenario, sino una fuerza activa; el Wendigo no es una criatura, sino un estado; y los personajes existen en la medida en que pueden ser absorbidos, transformados o derrotados por esa lógica ajena a lo humano.

Como conclusión, Bayeto sostiene que elegir personajes es asumir una postura frente al mundo. Cada elección implica renuncias, y esas renuncias son las que dan densidad a una obra. La literatura que pretende abarcarlo todo termina por no decir nada; la que perdura es la que se atre[ve] a incomodar, a fracasar y a sostener personajes capaces de cargar con un peso excesivo, incluso para su tiempo.

Este episodio propone, en definitiva, una defensa de la honestidad estética frente a la cobardía creativa y una invitación a pensar la narrativa desde sus cimientos: no inventar personajes por obligación, sino descubrir cuáles pueden sostener aquello que la obra necesita decir.